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Nuestro Barrio

A fines del siglo pasado La Boca ya era un barrio en el que había una fuerte presencia italiana con preponderancia de origen genovés. Desde los primeros tiempos la boca del Riachuelo fue el puerto natural de Buenos Aires. Su poca profundidad no permitía navíos de calado considerable, a lo que se sumaban los bancos de arena que causaban no pocos problemas, ya que el canal de entrada tampoco era precisamente profundo; a ello era preciso sumarle las crecientes y bajantes.

No obstante los inconvenientes el Riachuelo continuó desde fines del siglo XVI hasta fines del siglo XIX en plena vigencia.

Numerosos fueron los proyectos que la necesidad de un puerto de envergadura generó teniendo en cuenta el lugar, uno de ellos, obra del Ing.Carlos Pellegrini, proponía estrechar la desembocadura del Riachuelo cerrando parcialmente su salida con una esclusa, para que éste aumentara su caudal, profundizando su canal de acceso.

Proyectos y discusiones sobre su viabilidad y utilidad continuaron hasta que por fin se aprobó el presentado por Eduardo Madero, desechándose el del Ing. Huergo que propiciaba centrarlos en el Riachuelo.

El nuevo puerto, concentrado más al norte, significó el progresivo deterioro del Riachuelo. No obstante esto él continuó siendo el símbolo del barrio de La Boca y es imposible concebir al uno sin la otra y viceversa.

En esta breve reseña sobre el tradicional barrio de La Boca se transcribirá lo que de él dijese uno de sus máximos historiadores, Don Antonio J. Bucich, por considerarlos claro y definitorio."En 1870 el barrio insinuado ha dejado de ser aldea. Merece, ya, el nombre de pueblo. Así se lo menciona en las escrituraciones del parcelamiento inmobiliario.

"La inmigración en el Río de la Plata incorpora al país elementos distintivos que van creando modos, hábitos, expresiones nuevas en su vivir. La presencia del italiano señala aportes excéntricos en la elaboración de su sociabilidad. Paulatinamente van cobrando rasgos propios los núcleos a los que ellos aportan sus peculiaridades comarcanas. En verdad, Italia era en esos días un mosaico de nacionalidades y esa su policromía se reflejó también en nuestra tierra y sobre todo en La Boca. Porque La Boca fue la zona de Buenos Aires que recibió mayores caravanas de esa procedencia. Entre todas ellas la preponderancia del genovés vendría a librarla, más tarde, de un desastre etnográfico que hubiera sido peligroso para su cohesivo desenvolvimiento.

Junto al italiano -en toda su diversidad cromática- al lado del predominio ligur, siempre se advirtió la existencia del sectores constituidos por dálmatas, españoles, griegos, y algunos dispersos grupos de franceses y sajones.

En La Boca de mediados de siglo pasado florecía poco menos que instintivamente el anhelo de la expresión estética. Eran nombres, casi siempre, de estirpe italiana. Un Francisco Parodi, escultor nacido en Génova, fue uno de los primeros animadores de este rincón marinero. Lo seguirían otros poseídos por el mismo espíritu creador. Américo Bonetti, cuya vocación de escultor lo uniría al núcleo encabezado por Eduardo Schiaffino. Francisco Cafferata, el primer artista nativo en este suelo ribereño. Con éstos estuvieron Andrés Stoppa, Antonio Mariani, Decoroso Bonifati, Eduardo Demartino. Alfredo Lazzari... Este último llegaría a La Boca poco después de las convulsiones revolucionarias del 90 y sería el maestro de una juventud ambiciosa dotada de bríos autodidácticos avasalladores. Algunos de estos discípulos han conquistado lugares sobresaliente en la pintura argentina y universal.

Nos concentramos en citar sólo dos: Benito Quinquela Martín, el pintor del Riachuelo por antonomasia, y Fortunato Lacámera, el recogedor del intimismo humilde de las moradas boquenses."

Las Casas

Las características casas de La Boca, de madera y chapa, le brindan al barrio su particular personalidad.

La Boca es, sin lugar a dudas, un barrio con personalidad, y ésta lo debe en parte a su particular arquitectura. Claro está que ello no es ajeno a sus habitantes y al emplazamiento del barrio junto al Riachuelo.

En sus orígenes sus casas fueron de dos tipos: de madera o de chapa, ambas con balcones de hierro. Aún es posible encontrarlas en considerable número de ejemplos. Ellas son en realidad la imagen de La Boca.

Sus fachadas de chapa acanalada se combinan con las carpinterías de madera enriquecida por variadas molduras que hacen juego con las cenefas. Pero no sólo se utiliza la madera, también fueron comunes los cerramientos de varillas de madera superpuesto formando rombos que separaban las galerías superiores del balcón o creaban un espacio, cerrando en parte la galería de entrada, en planta baja. Este "treillage" no era una simple decoración, sino por el contrario, su intención estaba dirigida a la protección de los rayos del sol.

El origen de los colores diversos, deviene de los sobrantes de pintura que los marineros traían a sus casas, como la pintura era costosa, y la cantidad escasa para pintar toda la casa de un mismo color, se aprovechaba hasta la última gota, por lo tanto, se pintaba primero los marcos hasta agotarla, para pasar luego a las paredes y pintar hasta donde alcanzara. Don Benito Quinquela Martín artista plástico del barrio, captó esta peculiaridad y la adoptó para darle colorido a sus cuadros primero y fomentando después la adopción definitiva de esta particularidad, que pasó a formar parte de la personalidad del barrio, gracias a su intervención.

La madera como motivo ornamental llegó a utilizarse hasta en los barandales de coronamiento, formados por paños de rejas de hierro forjado, separados por elementos cuadrados o rectangulares de tablas superpuestas, sobre las que se aplicaban recuadros moldurados.

Podría decirse que las líneas horizontales eran, o son, una característica de La Boca. Los largos tablones superpuestos en las casas de madera y la acanaladura de las chapas en las otras comentadas, se sumaban al imitado corte piedra de los edificios construidos en ladrillo revocado que, por supuesto, adoptaban el estilo italiano del momento. Estas construcciones de material son un capítulo aparte, ya que coinciden con el paulatino enriquecimiento de muchos de los habitantes del lugar, que encariñados con el barrio, se quedaban en él levantando viviendas que en su interior acumulaban muebles y objetos artísticos con su nueva condición.

Esta creciente prosperidad se materializó en la preocupación por dotar a las viviendas de los últimos adelantos, o quizá cabría decir siguiendo las últimas modas. Así aparecieron en estas casas de material de planta baja y primer piso, las grandes mamparas con vitrales o vidrios de colores neutros, verdes, rojos o azules, y los techos decorados.

Sin embargo es interesante destacar que muchas de estas casas alternaban con las tradicionales de chapa o madera con techos de chapa a cuatro aguas; en contraposición con las de terraza, para ese tiempo "modernas".


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